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“Gracias al arte estoy superando la enfermedad” Volver






- Paciente Carlos Albornoz Leyton, 43 años de La Serena, IV Región.

Casado hace 17 años con Viviana Astudillo, el paciente Carlos Albornoz dice con mucho orgullo que han formado una linda familia con sus cuatro hijos: Nathaly (17), Isis (15), Valeria (10) y Nicole (8) y el único nieto Ariel, de 1 año 8 meses.

Se dedicó por 20 años a la instalación de cerámicas, oficio en el que le iba muy bien y era muy solicitado. También trabajó en distintas construcciones y obras, donde podía desarrollar su pasión de trabajar con las manos. “Desde chico tuve habilidades con las manos. Era tan bueno, que una profesora de mi colegio copió la técnica que hice en un trabajo de artes plásticas. Teníamos que hacer una especie de maqueta y yo hice una parroquia con piedrecitas y la Virgen María la tallé en un palo de fósforo”, comparte Carlos, quien agrega que “tiempo después cuando iba caminando, caché que los artesanos copiaron mi técnica y vendían sus creaciones en la calle”.

A Carlos siempre le ha gustado crear distintas obras. Hace algunos años participó en un concurso y ganó el tercer lugar a nivel regional con una maqueta del morro de Arica, “Soy autodidacta y me encanta hacerlo como hobby. Cada vez que me dan ganas de dibujar lo hago”, menciona quien está hospitalizado en el INC a causa de un sarcoma (cáncer a los huesos) hace un mes aproximadamente y cuya historia conocimos por sugerencia de la EU Sandy Vidal, de Medicina.

Contactado de inmediato compartió su historia y además nos ha regalado su talento a través de dibujos de nuestras mascotas.

“Mis inicios de cáncer”

Todo comenzó una tarde del 18 de Septiembre del 2014, donde celebraba las Fiestas Patrias con su familia. “Durante el día estuve normal, sin ningún dolor, comí asado, tomé harto vino y bailé muchos pies de cuecas. En la noche me fui a dormir como siempre y al día siguiente amanecí con un dolor muy fuerte en la tibia. Tenía una pelota que me dolía mucho y yo la movía de un lado para el otro. Yo pensé que era por el trabajo, así que me fumé un pito de marihuana e hice mi vida normal”, relata Carlos.

Al fumar cannabis le disminuía mucho el dolor de la rodilla, pero el bulto se expandió por la pierna. Él mismo se auto medicaba con diclofenaco y antiinflamatorio, pero no le servían. Una tarde después de tres meses que persistía el dolor se desmayó y lo tuvieron que llevar de urgencia al consultorio local. “Les conté que estaba sentado en la cama y que empecé a sentir algo extraño en la cabeza, que se me empezó a borrar la visión y luego de eso me desmayé. Me preguntaron si había consumido droga y les dije que marihuana. El médico pensó que me había dado la pálida, pero yo sabía que no era, porque llevaba años fumando”, recuerda.

Como el dolor no cesaba el paciente decidió ir al traumatólogo donde le pidieron varios exámenes que le arrojaron que tenía un tumor y le advirtieron que era de cuidado. En la Clínica del Elqui le dijeron que lo mejor era ir a Santiago para que lo pudiesen revisar otros médicos.

En enero del presente año, fue hospitalizado en el Hospital de Coquimbo por los prolongados dolores que lo mantuvieron en reposo en su hogar, ya que tenía dificultad para caminar, y por consiguiente tuvo que dejar de trabajar y no pudo seguir manteniendo a su familia. Comenzó con los viajes de Santiago a Coquimbo ya que tenía un cáncer y debían operarlo pronto, para que no siguiera creciendo.

¿Qué fue lo primero que se vino a su cabeza, cuando le dijeron que tenía cáncer?

“Pensé que desde el 2014 al 2016 tuve un cáncer sin darme cuenta. Yo no sabía que el tumor y el cáncer eran lo mismo. Estaba preocupado porque no quería dejar a mi familia sola. Opté por operarme lo más pronto posible en el Traumatológico, ya que todos mis ahorros los gasté para hacerme exámenes en clínicas privadas. Yo le dije a los médicos que me cortaran la pierna, que no quería tener cáncer y más dolores”.

En julio de este año fue operado en el Traumatológico y le pusieron un implante en el pie izquierdo. El procedimiento no salió bien, ya que tuvo una infección y fue intervenido por segunda vez en el mismo mes. Después lo derivaron al INC, donde se realiza quimioterapia y radioterapia hasta ahora. “Al principio todo iba bien con el dolor, pero después empezó muy fuerte y me internaron. Acá me dijeron que estoy en etapa 3 y me da miedo que mis hijas no tengan a su papá”, dice Carlos.

¿Qué es lo que más le da miedo?

“Acá en el instituto me dijeron que tenía metástasis en la espalda y me da miedo y lata dejar a mi familia. Yo sé que ellos me van a extrañar mucho y no quiero eso, quiero que ellos sean fuertes. Me da miedo no ver a mis hijas y nieto crecer y sus éxitos. Esta enfermedad me hizo darme cuenta que la vida es frágil, que la gente no es tan mala como pensé, porque antes yo estaba convencido de que todas las personas eran crueles y no es así. Acá he conocido muy buenas personas y me he hecho muy buenos amigos”.

Para el paciente su familia es motivación. Ellos siempre han estado con él desde que estuvo en la etapa de adicción a las drogas hasta ahora con su enfermedad. Sus hijos viajan constantemente a verlo y para Navidad viajó con el dinero que ganó por hacer autorretratos a los pacientes y trabajadores del INC. “Mis hijas me regalaron a Carlitos de Snoopy, que si le pulsas un botón dice una palabra motivadora. Me hizo llorar y darme cuenta que tengo que seguir por ellos”, dijo el artista.

¿Cuál ha sido tu mayor logro en la vida?

“Mi mayor logro en la vida fue la crianza que le di a mis hijas, ellas no son atrevidas y me gusta que sean unidas y buenas hijas”.

En la habitación de Carlos se ve una croquera con hojas negras, llenas de dibujos: lobos, paisajes, planetas y autorretratos. “El dibujo es mi pasión, me ayuda a olvidar todo y poder seguir acá. Me traslada a otro mundo, es un vicio que me encanta”, comentó Albornoz.

¿Cómo partiste haciendo autorretratos?

“Todo empezó cuando un paciente vio mis dibujos y me pidió que le hiciera un autorretrato, yo jamás había hecho uno en mi vida, así que lo intenté y resultó. Le encantó a “Sergio Livingstone”, como su familia y yo le decíamos. Después me empezaron a pedir más y algunos me pagaban por mis trabajos. Aún me acuerdo cuando don José y su esposa me pidieron hacerles un dibujo y me pagaron 20 mil pesos y con eso me costeaba mis viajes. Me gusta dibujar es mi vía de escape”, dice.

Carlos Albornoz Leyton no pierde la esperanza de sanar y poder volver a su ciudad. Su familia es un pilar fundamental en este largo trayecto que ha recorrido y ve el lado positivo de la enfermedad, por el que se dio cuenta que en la vida no todas las personas son malas y que uno puede hacer amistad en cualquier lugar, que el arte es una gran vía de escape y su mejor terapia.



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Miércoles 04 de Enero de 2017




Constanza Araya
Periodista
INC


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